La gastronomía está llena de productos que deben ir de la mano de otros para que se puedan disfrutar de todo su sabor. En cambio, el cava es una bebida que por sí sola ofrece una experiencia gustativa extraordinaria.
Cuando se acompaña de otros alimentos, permite convertir la comida en una delicia para los paladares más selectivos.
En muchas celebraciones o reuniones se brinda con cava para mostrar satisfacción por algún objetivo que ya se ha conseguido o bien con la intención de desear éxito o buena fortuna a alguien.
La simple presencia de una botella de cava en una mesa ya evoca fiesta o celebración.

El cava es un vino espumoso ideal para todas las comidas y celebraciones. Este vino delicado empezó a producirse en la zona occidental del Mediterráneo, en Cataluña (España), a mediados del siglo XIX, cuando las innovaciones en el ámbito de la fermentación y los tapones de corcho hicieron posible conservar las burbujas que caracterizan al cava y que se producen en una segunda fermentación del mosto.
Se conserva en un lugar resguardado de la luz, sin humedad y sin cambios repentinos de temperatura. Debe servirse frío, por lo que es ideal enfriarlo en el frigorífico unas horas antes o bien mantenerlo en agua con hielo treinta minutos antes de servirlo. Para poder degustar todo su sabor, se recomienda servirlo entre 5 y 8 grados, según la variedad. Para poder apreciar bien su textura y aroma, debe servirse en copas de cristal fino que no sean anchas.

Desde que se recogen las uvas durante la vendimia, pasan al menos nueve meses hasta que el cava está listo. La clase de uva y el tiempo de fermentación son los factores que determinan el tipo de cava resultante. Existen variedades jóvenes, reserva, gran reserva y rosado.

Un cava joven, de sabor afrutado, nos servirá para acompañar repostería y postres. Un Gran Reserva dará consistencia a cualquier tipo de carnes, asados o viandas condimentadas. Un Reserva encajará a la perfección con el pescado, el marisco y los arroces.